Lo habían despedido del trabajo.
Se había liberado del tripalium, pero lo habían condenado, a menos pan y a menos vino.
Había sido una porquería el día. Rechinaba los dientes de frío, y su mirada se iba llenando de pena, atravesaba mientras pasaba las aceras, filas de gente con caras robotizadas. Bajo esa Noche de Lima que no tenía estrellas porque tenía postes de luz amarilla, amarillo ámbar como vómito de moribundo.
¿Quién tendrá un buen día, hoy que a mi todo se me pinta tan gris?, pensaba y repensaba sobre lo ya pensado, se olvidaba, y recordaba, y criptomnesia... Todo en esas decenas de minutos que le toma llegar a su casa, a su guarida, a su caverna. Donde se quitará por fin ese disfraz de idiota que tenía como uniforme.
"Mi trabajo es escribir en papeles, leer papeles y sellar y firmar papeles"- respondía siempre que alguien le preguntaba, luego cambiaba de tema."No me agrada hablar de mi tiempo en prisión, sólo, para que lo sepas, nunca puedo escribir, ni leer, lo que quiero, siempre estoy obligado a cumplir las formalidades a veces más injustas que la economía, ahora ya te imaginas lo que te estoy diciendo...¿no?...la economía es cruel y magnifica asesina, siempre tortura al que más se resiste..."
Se detuvo en el semáforo, rojo sangre.
"Los humanos sangramos, los países sangran humanos, la migración o deserción como prefiero llamarlo son producto de la fuga, queremos fugarnos de un lugar, no soportamos más el lugar. Y luego después de un tiempo lo queremos de lejitos. La mayoría de veces, digo, todo es relativo..."
Verde.
Se había liberado del tripalium, pero lo habían condenado, a menos pan y a menos vino.
Había sido una porquería el día. Rechinaba los dientes de frío, y su mirada se iba llenando de pena, atravesaba mientras pasaba las aceras, filas de gente con caras robotizadas. Bajo esa Noche de Lima que no tenía estrellas porque tenía postes de luz amarilla, amarillo ámbar como vómito de moribundo.
¿Quién tendrá un buen día, hoy que a mi todo se me pinta tan gris?, pensaba y repensaba sobre lo ya pensado, se olvidaba, y recordaba, y criptomnesia... Todo en esas decenas de minutos que le toma llegar a su casa, a su guarida, a su caverna. Donde se quitará por fin ese disfraz de idiota que tenía como uniforme.
"Mi trabajo es escribir en papeles, leer papeles y sellar y firmar papeles"- respondía siempre que alguien le preguntaba, luego cambiaba de tema."No me agrada hablar de mi tiempo en prisión, sólo, para que lo sepas, nunca puedo escribir, ni leer, lo que quiero, siempre estoy obligado a cumplir las formalidades a veces más injustas que la economía, ahora ya te imaginas lo que te estoy diciendo...¿no?...la economía es cruel y magnifica asesina, siempre tortura al que más se resiste..."
Se detuvo en el semáforo, rojo sangre.
"Los humanos sangramos, los países sangran humanos, la migración o deserción como prefiero llamarlo son producto de la fuga, queremos fugarnos de un lugar, no soportamos más el lugar. Y luego después de un tiempo lo queremos de lejitos. La mayoría de veces, digo, todo es relativo..."
Verde.
Perdió la ilación de ese pensamiento. y cruzó la pista , el semáforo que estaba en verde, tenía segundos en cuenta regresiva, y nuestro personaje caminó lo más rápido que pudo para llegar al otro extremo en el menor tiempo posible, como si el tiempo de un desempleado estuviera, tan cronometrado y reducido, como para tomarse un descanso , respirar hondo y servirse un jodido Nescafé.
Estaba distraído entre sus pensamientos. Un dolor crecía desde el zenit hasta el nadir de su cabeza, su paso se aceleró, y entre el cardumen de gente que venía en su contra, en medio de esos humanos con números de serie, vio un poema, la muchacha más linda del día. Buscó sus ojos, como cuando un pescador divisa peces y toma su red entre entusiasmo y templanza. Sabía que no pescaría nada. Se miraron ambos. Dos realidades paralelas que no se volverían a juntar más, en esos máximo 90 años que puede vivir un mortal. Dos ojos hermosos de mujer...se golpeó el tobillo con un murito en el suelo, cojeó un poco, balbuceó una incongruente mala lisura, y lloró sin lágrimas.
Se hizo de noche antes de que llegara al paradero donde tomaba hasta ese día el ómnibus. Cuando tomó conciencia de un choque con un tipo apurado, revisó su bolsillo y no llevaba el celular, no estaba el celular, estaba en el bolsillo del ratero, quizás mejor guardado, no vaya a ser que algún pobre diablo quiera, robarle al ratero, y se lleve su celular como se toma una casa tomada.
Hasta que llegó el jodido ómnibus. Se apuró y así encontraba asiento. Subió más gente detrás de él. Cansado y robado. Despedido y enfermo. Había sido un día malo. Un viernes de esos, sin sábado ni domingo. Una semana de 4 días vivo.
Subió al ómnibus, una mujer de unos veintitantos años, con problemas para subir, llevaba un ser en los brazos, dentro de una colcha blanca con dibujos de avioncitos, carritos y barquitos.
"Ha subido una madre con su bebé en brazos, es cierto que estoy demasiado cansado, pero a veces un hombre debe hacer esfuerzos hasta, digamos, sobrehumanos, para reafirmarse como tal, debe cumplir con su deber y separarse de los chimpancés que se comportan como animales"- Fue un pensamiento activista.-"Siéntese por favor...". Nuestro desafortunado héroe se paró de manera un poco lenta, por el dolor que llevaba en el tobillo. Se aferró a la baranda del techo del ómnibus, se integró al club de los parados, que ya eran muchos, y como quien siente el gran placer de una buena hazaña, miró a los receptores de su buen obrar, miró a la muchacha, esta le había agradecido, miró al bebé, y se dio cuenta para su desagrado, de que era un perro de mierda.
Estaba distraído entre sus pensamientos. Un dolor crecía desde el zenit hasta el nadir de su cabeza, su paso se aceleró, y entre el cardumen de gente que venía en su contra, en medio de esos humanos con números de serie, vio un poema, la muchacha más linda del día. Buscó sus ojos, como cuando un pescador divisa peces y toma su red entre entusiasmo y templanza. Sabía que no pescaría nada. Se miraron ambos. Dos realidades paralelas que no se volverían a juntar más, en esos máximo 90 años que puede vivir un mortal. Dos ojos hermosos de mujer...se golpeó el tobillo con un murito en el suelo, cojeó un poco, balbuceó una incongruente mala lisura, y lloró sin lágrimas.
Se hizo de noche antes de que llegara al paradero donde tomaba hasta ese día el ómnibus. Cuando tomó conciencia de un choque con un tipo apurado, revisó su bolsillo y no llevaba el celular, no estaba el celular, estaba en el bolsillo del ratero, quizás mejor guardado, no vaya a ser que algún pobre diablo quiera, robarle al ratero, y se lleve su celular como se toma una casa tomada.
Hasta que llegó el jodido ómnibus. Se apuró y así encontraba asiento. Subió más gente detrás de él. Cansado y robado. Despedido y enfermo. Había sido un día malo. Un viernes de esos, sin sábado ni domingo. Una semana de 4 días vivo.
Subió al ómnibus, una mujer de unos veintitantos años, con problemas para subir, llevaba un ser en los brazos, dentro de una colcha blanca con dibujos de avioncitos, carritos y barquitos.
"Ha subido una madre con su bebé en brazos, es cierto que estoy demasiado cansado, pero a veces un hombre debe hacer esfuerzos hasta, digamos, sobrehumanos, para reafirmarse como tal, debe cumplir con su deber y separarse de los chimpancés que se comportan como animales"- Fue un pensamiento activista.-"Siéntese por favor...". Nuestro desafortunado héroe se paró de manera un poco lenta, por el dolor que llevaba en el tobillo. Se aferró a la baranda del techo del ómnibus, se integró al club de los parados, que ya eran muchos, y como quien siente el gran placer de una buena hazaña, miró a los receptores de su buen obrar, miró a la muchacha, esta le había agradecido, miró al bebé, y se dio cuenta para su desagrado, de que era un perro de mierda.
Buen relato, una construida narrativa que te va llevando desde el argumento social de un desempleado, desorientado ante los avatares de la vida, todo un desenlace tragicómico que se aventura hacia el final del relato, el tripalium era un yugo con tres palos en los cuales amarraban a los esclavos para azotarlos, de allí la asociación.
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